Un paseo por los avances que hicieron posible nuestra industria

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Pasear hoy por cualquier ciudad del mundo implica sobresaturarnos de información visual. Hay estudios que indican que los habitantes de urbes recibimos una media de más de tres mil impactos diarios de carteles y rótulos publicitarios. Ya sea de día o de noche nuestras calles muestran en forma de carteles, letras corpóreas o luminosos reclamos comerciales que pugnan por atraer nuestra atención.

Y aunque hoy estamos en una carrera tecnológica para ver como podemos lograr que el siguiente impacto sea más atractivo y llamativo que el anterior, también surgen voces y fuerzas que nos intentan alertar y concienciar de que no debemos perder de vista la riqueza de nuestro patrimonio gráfico y dejarlo perder.

Por ello queremos hacer un breve recorrido de cómo nuestra industria ha llegado hasta este punto. Qué ha tenido que suceder para que estemos donde estamos, en este nivel. Pasando por la explosión de carteles de neón en los años 20 del siglo pasado, de los rótulos fluorescentes a mediados de los 50 o con la más reciente llegada de la iluminación LED.

Inicios

En realidad, la necesidad de rotular, entendida como una necesidad de plasmar gráficamente una idea, nos acompaña desde el inicio de la humanidad y podemos considerar las pinturas rupestres como los primeros “rótulos” de nuestra historia.

Culturas como la egipcia y posteriores utilizaron la rotulación grabada en piedra. Es en la edad media cuando tenemos constancia de la aparición los primeros rótulos, carteles con ilustraciones en metal o madera en el exterior que informaban de los servicios que se prestaban dentro.

Inventos posteriores como la imprenta de Gutenberg sobre 1440 no sólo tuvo su incidencia en el campo de libros y diarios, si no también en la evolución de la cartelería gráfica.

A finales del S. XIX C.W. Reinhardt, quien trabajaba como dibujante para de Engineering News, ideó crear un estilo de letra legible de trazos simples. Por lo que estableció un alfabeto de letras mayúsculas y minúsculas, basado en letras góticas y una serie sistemática de trazos. Este fue el inicio de la explosión tipográfica que nació posteriormente y que llega hasta nuestros días.

Esta simplificación del alfabeto, coincidiendo con la revolución industrial y la explosión del comercio permitió que las calles de París, Londres y las principales ciudades occidentales se llenan de rótulos pintados a manos, coloridos y llamativos anunciando de la manera más vistosa posible sus tiendas y comercios.

Los luminosos

Pero si hablamos de rótulos luminosos, muchos hitos científicos tuvieron que darse para enaltecer el rótulo a un reclamo luminoso irresistible y bello.

En el apartado de avances tecnológicos podemos mencionar unos cuantos:

El descubrimiento de los gases nobles en 1894 por Rayleigh y William Ramsay, que detectaron un nuevo gas, el argón y demostraron que el helio existía en la corteza terrestre. Posteriormente Ramsay siguió con sus investigaciones consiguiendo aislar neón, criptón y xenón en 1897, completando la terna de gases raros, nobles o inertes por vez primera.

En 1856, un inventor, soplador de vidrio alemán, Heinrich Geissler, fabricó un tubo de vidrio cerrado al que le extrajo el aire y lo rellenó con un gas noble a baja presión. Al pasar una corriente eléctrica por él, descubrió que este tubo emitía luz. Logró la primera lámpara de descarga de la historia: el tubo Geissler.

En 1904. McFarlan Moore inventó un tubo de vidrio que se podía vaciar y rellenar continuamente con gases nuevos. Con esta solución, se conseguiría la primera aplicación de la lámpara de descarga en el terreno comercial. Las lámparas Moore fueron instaladas por primera vez en un rótulo luminoso de publicidad en Newark, EE.UU., con el objetivo de atraer a la gente con sus llamativos colores. Pero las dificultades de instalación y mantenimiento no hicieron demasiado viable este tipo de lámpara

En 1902, Georges Claude realizó investigaciones sobre el grupo de gases descubierto hacía unos años por Ramsay que integraban el neón, el criptón y el xenón, y que junto con el helio y el argón se denominaron «gases inertes» o «nobles».
Demostró que al aplicar descargas eléctricas dentro de un tubo de vidrio que contuviera gases nobles, se podía producir luz.
Una de las consecuencias más espectaculares de ese descubrimiento fue su aplicación a la publicidad y la aparición de los carteles luminosos, que cambiaron la cara de las ciudades. Entramos en la época de los rótulos de neón.

Aunque a Claude se le pueda atribuir la irrupción comercial de los tubos luminosos de descarga con gas neón, el fundamento de los principios esenciales del fenómeno debe atribuirse también a varios científicos, como Michael Faraday, Willian Crookes, Josep J. Thomson, entre otros.

Nuestro siguiente punto nos lleva a 1926 El Alemán Edmund Germer, quien solicitó una patente para una lámpara fluorescente con Friedrich Meyer y Hans J. Spanner. La patente fue comprada más tarde por General Electric Company, que también autorizó su patente sobre la lámpara de vapor de mercurio de alta presión. Esta dio paso a la utilización de la luz fluorescente en la elaboración de rótulos luminosos.

Otros inventos claves dentro de la industria del Rótulo son la aparición del cristal acrílico, conocido como su nombre técnico y científico, polimetacrilato de metilo que, tiene su primera aparición en el año de 1928, cuando el Químico Alemán W. Bauver, obtiene un material plástico caracterizado por ser transparente y cumplir con todas las características de durabilidad, transparencia y resistencia para reemplazar al vidrio. Aunque no fue hasta los años 60 que no se consolidó como material habitual en el ámbito de la publicidad exterior.

Con el tiempo los tubos fluorescentes fueron ganando eficacia y disminuyendo tamaño.

Este proceso de optimización de materiales para el sector luminario tuvo su siguiente paso en la aparición del primer LED, diodos emisores de luz, inventados por Nick Holonyak, un empleado de General Electric en 1962. Desde entonces, este tipo de iluminación, más eficiente desde el punto de vista energético, pero que ha tenido que mejorar sus estándares de dispersión de la luz, viene sustituyendo a neones y fluorescentes en la iluminación nocturna de nuestras ciudades.

El ingenio

Pero todos estos avances tecnológicos no habrían conducido a la industria de la rotulación publicitaria a cotas tan altas sin figuras como Douglas Leigh, un ejecutivo publicitario y diseñador de iluminación estadounidense, pionero en señalización y publicidad exterior, famoso por realizar algunos de los carteles más famosos de la mítica Times Square tras la Segunda Guerra Mundial y a mediados de los años 50. Por poner algunos ejemplos un cartel de una taza de café humeante, un cartel de Camel que lanzaba aros de humo o un cartel de Coca-cola que ofrecía información meteorológica actualizada bajo el lema: la sed no conoce las estaciones.

En España tenemos grandes ejemplos de este espíritu presentes en muchas de nuestras ciudades. Espíritu que continúan manteniendo vivo nuestros asociados

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